"Una mano que se posa en el hombro o en el muslo de otro cuerpo, ya no pertenece del todo al cuerpo del que procede: de ella y del objeto que toca o agarra surge una cosa nueva, una cosa más que no tiene nombre y que no pertenece a nadie y esta nueva cosa, que tiene sus límites determinados, es lo importante ahora”
Reiner Maria Rilke
Tocamos superficies.
Materiales.
Personas.
Intentamos incluso, concentrar el aire en las palmas de nuestras manos, creyendo, que el control de lo invisible podría darnos seguridad. Tocamos en muchas ocasiones el corazón del otro; con una simple caricia a su piel, que es la nuestra en ese tocar. Y por más que lo hacemos, no paramos, no pensamos, no sentimos.
No sentir se convirtió en el camino de fuga del mal estar que nos genera la desconexión corporal; la nuestra, la ajena, la objetual.
Son muchas las razones por las que hacemos artesanía. Razones por las que, siguiendo nuestra reflexión anterior, somos ciudadanos artesanos. Todas ellas, independientemente de ser presas de nuestra obsesión de preservación, son la llamada a nuestra necesidad de crear humanidad. Estamos trabajando de sol a sol por poner en valor una materia que, aun siendo útil, da sus últimos coletazos de vitalidad. Se ahoga como tantas otras cosas que merecen la pena, en un mar de olvido y de despropósito general. Nuestros días, no solo avanzan en el trabajo con la materia, la técnica encabeza nuestros pensamientos y nos atormenta en su dificultad; la de ejecución y la de preservación. El acto concreto en presente y el anhelo de un futuro diferente. Somos esclavos de nuestras visión y ejecutores de nuestra misión. Porque si de alguna forma podemos definir la artesanía en Wool4life es por su humanidad.

Sabemos sus principios técnicos, descriptivos, históricos y culturales, pero hoy, hoy únicamente nos interesa hablar de sus valores humanos. Porque no hay nada más humano que el hacer; que el transformar el barro en cántaro para seguir bebiendo la esperanza de vivir o que entrelazar las fibras que componen el mundo material para tejer un hogar.
Alterar el entorno, es sin duda, definición de lo humano. El paso del Paleolítico al Neolítico lo refleja. Un momento que infunde ganas de asentarse, de crear, de alterar el medio a nuestra imagen y semejanza para configurar espacios habitables en los que prosperar de forma comunal. En esa misión nos perdimos, fuimos demasiado egoístas y confundimos la grandeza compartida con el enriquecimiento individual. Fuimos y somos testigos de un declive general, que no mira más lejos de su propio ombligo en jadeos colmados de ansiedad. Esa angustia que refleja la carrera ciega por llegar antes a un lugar inexistente fruto de proyecciones externas, nos hizo olvidar que somos personas. Que todos estamos hechos de polvo de estrellas si citamos de forma romántica los principios de la astrofísica y la nucleosíntesis estelar, que bien exponen que, exceptuando el hidrógeno primordial, cada átomo de carbono en nuestro ADN, el calcio en nuestros huesos y el hierro en nuestra sangre no se originaron en la Tierra, sino en el núcleo de estrellas masivas que, al agotar su combustible y explotar como supernovas, dispersaron estos elementos pesados por el espacio, permitiendo que billones de años después, se integraran en la biología que hoy nos define.
Somos lo mismo.
Somos unidad.
Y eso, es algo que para nosotros es la clave del proceso artesanal. La artesanía, bien entendida y bien aplicada, tiene el potencial de centrar a los individuos que se han perdido en esta carera social. Nos adentra en el territorio y en el espacio local. Nos acerca a sus gentes, pero sobre todo, a la diversidad de visiones e imaginarios culturales que las definen, que tienen el potencial de unirnos y de crear cohesión gracias a la exposición a la diferencia, que si algo propicia, es el enriquecimiento en contacto con ella. La artesanía también nos adentra en los principios físicos de la materia, no solo en los culturales, ya que son los límites físicos, los que nos sitúan en la realidad de un medio que debe ser protegido, entendido y valorado.

En el punto actual de desconexión que nos encontramos, hay pocas cosas más tangibles que la artesanía que pueden hacer que volvamos a reconectar con la esencia, ya que, la artesanía es una práctica que envuelve en sí misma múltiples facetas de la vida: lo material, lo inmaterial, lo simbólico, lo cultural… Integrar todos los aspectos que la definen es básico para generar e implementar sus principios en nuestro estilo de vida.
Nosotros no solo hacemos artesanía.
Nosotros vivimos artesanalmente.
Y lo hacemos porque estamos convencidos de que así, no pararemos de sembrar humanidad.
La familia Wool4life