Un ciudadano más artesano

Un ciudadano más artesano

La semana pasada anticipamos que entramos en una etapa en la que, desde todas las áreas de nuestro proyecto, queremos reflexionar sobre el concepto mismo de artesanía. Creemos que frecuentemente se utiliza de forma incorrecta este término, o más que el término, el imaginario que lo rodea, cargado de valores nobles de los cuales cualquiera se quiere aprovechar. 

Nuestro objetivo en los próximos meses será abordar la artesanía de la forma más amplia y multidimensional que sabemos. Queremos poner en valor su relevancia real, alejándonos y superando su visión reduccionista; limitada a una mera producción de objetos manuales (que también pero no únicamente). En su lugar, intentaremos compartir contigo nuestra forma de entenderla: como un impulso humano fundamental y un pilar de la cultura, la ética y el conocimiento práctico que resulta indispensable para repensar el trabajo y la vida en la sociedad contemporánea. Y esta última parte, es fundamental para nosotros: repensar la vida contemporánea gracias al saber artesanal. 

Nuestra reflexión cotidiana entre telares y lana, reside de forma principal en pensar, crear y proponer objetos que a través de la forma en la que son producidos, la materia utilizada y las personas que intervienen en el desarrollo, proponen una nueva forma de vivir; una que vincula el ritmo lento de lo que fue la objetualidad de la tradición, con el frenético devenir contemporáneo. Un diálogo de velocidades que pretende regenerar y reparar la desconexión con la sabiduría originaria y con el espacio local. 

Si tuviéramos que generar un definición integral de la artesanía, así como una reflexión de las áreas estratégicas sobre las que trabajar para realmente instaurar de nuevo este tipo de prácticas en nuestra vida contemporánea, podríamos segmentar el concepto en 5 ejes temáticos clave: la unidad indisociable entre la mente y la mano, el valor intrínseco del proceso sobre el resultado final, la cultura material como campo de diálogo con el entorno, la dimensión social y comunitaria del taller, así como, una reflexión sobre la sostenibilidad desde la ética del artesano como defensor del patrimonio cultural. 

Si podemos empezar a reflexionar sobre una cuestión clave en la verdadera artesanía, sería la unidad entre mano y cabeza. La separación histórica entre el trabajo intelectual (la cabeza) y el trabajo manual (la mano), ha ido causando un paulatino desprecio por el hacer corporal. Un dualismo que ha devaluado la inteligencia práctica inherente a las labores físicas, siendo causante de la pérdida de conocimiento ancestral que la mayoría de las veces no está escrito ni articulado en palabras, si no en el saber tácito que se enseña a través de la muestra y copia corporal. La puesta en valor y la reintegración y unión de ambos dominios es, por tanto, un paso estratégico ineludible para una comprensión global de la habilidad y el conocimiento. La reflexión y la acción son inseparables. 

En este sentido, Sennett sostiene que "pensar y sentir están contenidos en el proceso de hacer”, la mano que trabaja está continuamente pensando, evaluando y sintiendo, en un diálogo constante con la materialidad del mundo. Esta unidad según el autor, queda manifestada en el concepto de habilidad,  que Sennett define no como un talento innato, sino como una práctica entrenada y desarrollada a lo largo del tiempo. Y este detalle es el que importa aquí, la duración; la prolongación de una acción en un espacio temporal amplio, que por tanto,  implica valores fundamentales para el humano. Valores que por el contrario, están en continuo declive como son: el desarrollo a largo plazo, fundamentado en la constancia y el compromiso con la maestría. 

El proceso como aprendizaje a través del error es otra cuestión clave cuando intentamos pensar en qué consiste la artesanía. Es importante entender el proceso artesanal no como un simple medio para alcanzar un fin, sino como un fin en sí mismo. El taller, el laboratorio o el estudio se convierten en espacios de aprendizaje, descubrimiento y desarrollo de la conciencia, donde la práctica deliberada adquiere un valor central. Un elemento fundamental de este proceso es la repetición, cuestión que nos pide tiempo, paciencia y atención. Lejos de ser una tarea estática o aburrida, la repetición en la artesanía es una práctica dinámica. El artesano se mantiene alerta a través de la "habilidad de la anticipación", esperando que "algo importante esté a punto de suceder" con cada iteración (Sennett, 2008). A medida que la habilidad se desarrolla, el contenido de lo que se repite cambia y se enriquece de la misma forma que lo hace el artesano también.

El proceso artesanal es  por tanto, un espacio para el aprendizaje a través del error. Un espacio para experimentar la resistencia a la dificultad y la frustración, cuestiones de las que cada vez, carece más la sociedad contemporánea.  De este modo, el valor del proceso no reside en la ejecución mecánica, sino en el aprendizaje continuo que emerge de la práctica reflexiva; un aprendizaje que se materializa fundamentalmente en la relación dialógica que el artesano establece con el mundo físico. 

La cultura material es también área de aprendizaje, siendo además,  el campo donde la artesanía dialoga con el mundo físico, un espacio de interacción fundamental para comprender cómo los objetos se cargan de significado y se convierten en depositarios de patrimonio. El trabajo del artesano no es una imposición de la voluntad sobre una materia inerte, sino una conversación colaborativa con ella. Trabajar la resistencia de los materiales, sin oposición y dominio, es la base de la colaboración entre mano y materia. Un buen artesano, no busca dominar la materia de forma agresiva, sino "identificarse con su resistencia" (Sennett, 2008) para generar conjuntamente un resultado óptimo. 

No dominar la materia, es una clara muestra de conciencia y respeto por parte del artesano. Es por ello que, defendemos que la dimensión ética y social del artesano son pura inspiración para crear nuevos modelos de vida, que generen ciudadanos tallados en los valores clave que estamos definiendo en este pequeño texto. La figura del artesano no puede entenderse como un actor aislado; su práctica está intrínsecamente enmarcada en un contexto social. La artesanía es por tanto, una actividad que define roles, establece formas de autoridad y construye comunidades. Analizar esta dimensión es estratégico para comprender cómo las habilidades técnicas se traducen en valores cívicos y éticos. 

El espacio social por excelencia de la artesanía es el taller, un espacio productivo donde "las personas tratan las cuestiones de autoridad en relaciones cara a cara" (Sennett, 2008). Este espacio ha evolucionado históricamente: en los gremios medievales, la autoridad se basaba en una reputación colectiva que garantizaba la calidad y la probidad del trabajo de toda una comunidad. Con la llegada del Renacimiento, este modelo dio paso a uno que acentuaba la individualidad del maestro y la "marca de fábrica", lo que alteró las relaciones de dependencia y autonomía. La relación del artesano con la comunidad y el territorio se forjaba a través de marcos sociales y rituales como los gremios, que garantizaban un estándar de calidad y un sentido de pertenencia cívica. Esta forma de habitar el mundo, en un formato contemporáneo, está resurgiendo en diferentes comunidades, ya sean físicas o digitales y es en ellas, dónde queremos infundir esperanza e inspiración con nuestro hacer diario. 

Entender la forma de vida artesanal desde los principios que estamos exponiendo, hacen que podamos ir aproximándonos también a una idea de sostenibilidad más real, alejándonos de aquella que únicamente habla sobre la sostenibilidad medioambiental, olvidando todas las demás áreas que la componen como son su eje cultural, social y económico. Conectar directamente la ética artesanal con los desafíos de la sostenibilidad contemporáneos, es fundamental, y es por eso que en Wool4life analizamos cómo las prácticas de trabajo bien hecho pueden informar una relación más responsable y crítica con nuestro entorno. Convertirnos en buenos artesanos de nuestro entono  requiere una autocrítica más radical y un profundo replanteamiento de los procedimientos productivos y los rituales de uso que damos por sentados. No basta con buscar un equilibrio; es necesario transformar activamente las técnicas y los hábitos que nos han llevado a la situación actual. 

Futuro y visión de cambio. En dos palabras para nosotros, eso es la artesanía. Un futuro construido con los pasos que nos preceden, pero con los sueños que todavía están por construirse. Un futuro que se sostiene en el hacer pausado, repetitivo, local, consciente, atento y comprometido, en todas y cada una de las etapas que definen cualquier cadena de valor. 

Un hacer desde el compartir lo que sabemos y lo que somos, con la esperanza de que te inspire a ser cada vez más, un ciudadano más artesano. 

La familia Wool4life

 

 

 

 

 

 

 

Bibliografía: 

Richard Sennett, El Artesano.