“Dicen que la ropa tiene funciones más importantes que simplemente mantenernos abrigados. Cambian nuestra visión del mundo y la visión que el mundo tiene de nosotros... Hay muchos que respaldan la idea de que es la ropa la que nos viste y no nosotros la que la usamos a ella; podemos hacer que los textiles tomen la forma del brazo o del pecho, pero son ellos los que moldean nuestro corazón, nuestro cerebro, o nuestra lengua a su gusto”.
Virginia Woolf: Orlando
Tejer.
Tejer es idear.
Tejer es inventar.
Tejer es decir, es contar una historia; la historia de lo que somos a partir de los elementos y los procesos más sencillos. Desde la perspectiva etimológica, texto y tejido comparten raíz: texere “tejer”. A su vez, ésta no es la única relación entre la palabra escrita y el textil. La palabra orden, por ejemplo, proviene de la palabra latina que designa la preparación de los hilos de urdimbre ordior. Si nos vamos a la lengua francesa, la palabra métier que significa “arte” o “industria”, significa “telar”; la palabra sánscrita sutra que ahora alude a una escritura religiosa, designaba en su origen el cordel o el hilo; la palabra tantra que alude a un texto religioso budista o hindú proviene del sánscrito tantrum que significa “urdimbre” o “telar”; un poco más lejos la palabra china zuzhi que significa organización u ordenar, también quiere decir tejer, mientras que chengji cuyo significado es logro o resultado hace alusión, en origen, al acto de entrelazar hilos. Todas ellas, son origen de nuestra relación con el tejido, y sin embargo, nosotros mientras tanto, en lugar de seguir hablando el lenguaje que nos originó, nos perdemos en medios artificiales que más que unirnos, nos separan. Hacen que olvidemos la comunión que nos caracteriza cuando vivimos asentados en la armonía física, mental y espiritual.

La relación que existe entre los diferentes oficios textiles y el acto de escribir es evidente; pero, ¿qué es un texto? ¿que relación establecemos entre los textos y la propia escritura? (Escutia Girón & Gutiérrez Figueroa, 2022) ¿podemos pensarnos siendo portadores de narrativas, historias entrelazadas en hilos de cada uno de los textiles que cubren nuestro cuerpo? Si escuchamos las palabras de (Ricoeur, 2004) un texto sería un discurso, aquel que busca comunicar algo. El texto es un artefacto singular, oculta a quien escribe y a quien lee. Ocupa un lugar entre lo hablado y lo no dicho, es potencialidad absoluta regida por la limitación del lenguaje.
Paradojas.
Siempre son la máxima expresión de lo ignoto. Y ante ese desconocimiento, nosotros siempre nos planteamos si quizás, ese espacio de silencio que se elabora entre el decir y no decir, entre una pasada y la siguiente, entre una puntada y la que continua, sea el mensaje que nos regala la vida; codificado y guardado en los tejidos. Mensajes de memoria colectiva, invisible e intangible, pero presente. Es su presencia la que permite que todo exista. En general, lo que no tenemos delante de los ojos es más real que lo que vemos. Es así a todos los niveles de existencia, (Kingsley,2023). El único problema que tenemos como sociedad es que para nosotros las ausencias son muy complicadas, no las podemos soportar. Así que, ante nuestra desesperación como bien nos explica Kingsley, inventamos toda clase de sucedáneos que nos permitan tolerar nuestros vacíos. Así, el mundo nos intenta convencer de que nada falta ante la incapacidad real de llenar el hueco que existe en nuestro interior, de manera que vamos sustituyendo y modificando lo que inventamos mientras el vacío proyecta su sombra sobre nuestra vida.

Revertir el camino, podría hacernos conectar con nuestra esencia, cubierta ahora por el desarraigo que nos define y nos conduce a la total pérdida de identidad cultural que nos configuró y de la que ya hemos olvidado su existencia. Releer los textos que son los textiles, nos hace escuchar las voces vivas de los cuerpos muertos de aquellos que ya experimentaron el arte de vivir antes que nosotros. Aunque sus cuerpos ya no estén aquí, dejaron impregnados en materias primas, enseñanzas dignas de revisar. En palabras de Anne Michaels en Piezas en fuga “ la ausencia no existe si permanece el recuerdo de la ausencia” ya que “cuando ya no poseamos la tierra, pero si el recuerdo de la tierra, entonces podremos alzar un mapa”. Un mapa que nos adentra en el perfeccionamiento de nuestro espíritu a través de la repetición continuada y comprometida del movimiento que ejerce la mano al tejer. Un mapa que además, nos ayude a echar raíces. Arraigados a la tierra de la que procedemos.
El oficio textil es una acción que se ancla absolutamente al entorno en el que se desarrolla, es por ello tan notoria su función de arraigo, de pertenencia a una determinada cosmovisión. El desarrollo de cualquier tejido implica por tanto, la participación natural; una participación inducida por el lugar de nacimiento, la profesión o el contexto. Elaborar un tejido desde una cultura concreta, desvelando la verdad real, que como diría Heidegger, ama esconderse, nos permite reforzar lazos, vínculos olvidados, deteriorados por el paso del tiempo, y por el egocentrismo actual. Cada puntada, cada pasada de trama, busca reconstruir las historias, los cantos que se perdieron víctimas del desarrollo industrial. Promesas incumplidas del capitalismo que diría Marina Garcés.
Necesitamos volver a escribir textos tejidos. Desvelar el conocimiento que nos ha constituido. Encontrar enlaces múltiples entre el pasado, el presente y el futuro a través del acto de entretejer promesas ancladas a saberes que nos den seguridad para afrontar la inestabilidad de la vida. La tradición nos mantiene dentro de algo que nos permite identificarnos. Es algo que nos reconoce en comunión con la otredad. El futuro es ese tiempo que podemos entretejer entre palabras dichas, y no dichas; palabras de de voces vivas y cuerpos muertos. De silencios que se escudan ligeros en el momento que el hilo acaricia el aire que rodea el espacio común de creación textil. El silencio nos posibilita la escucha, realzando la voz de quien enuncia la palabra. Tejer consuela, porque escucha, generando espacios afectivos que fomentan la solidaridad y sociabilidad entre sus participantes ( Perez-Bustos 2024).

Escuchar la mano que enseña. Dejarse conmover por lo aprendido y continuar instruido en el oficio del buen vivir, siendo capaces de tejer palabras enraizadas de gramática compleja, en espacios comunes que dan sentido, rumbo y seguridad.
Comenzamos una etapa en la que reflexionar sobre el acto de tejer, sobre el propio tejido, el telar y la artesanía. Pensamientos que compartiremos contigo, pero que en su escritura en este journal, nos harán comprender realmente de manera más profunda, la forma en la que afrontamos nuestro oficio diario.
La familia Wool4life
Bibliografía:
Pérez-Bustos, T. (2019). ¿Puede el bordado (des)tejer la etnografía? Disparidades. Revista de Antropología, 74(1), e002d.
Postrel, V. (2021). El tejido de la civilización: Cómo los textiles dieron forma al mundo. Siruela.
Escutia Girón, O., & Gutiérrez Figueroa, M. (2022). Entre el bordado y la escritura, la elaboración de lo textual: El caso de Bordando por la Paz. Revista EDUCA UMCH, (19), 129–137.
Kingsley, P. (2023). En los oscuros lugares del saber. Atalanta.