“ Resulta extraño que la manera en que recibes un objeto cualquiera (una fresa o un par de calcetines, por ejemplo) altere su naturaleza. Regalo o mercancía. Cuando compro un par de calcetines de lana en la tienda, a rayas rojas y grises, obtengo calor y confort. Puedo sentir gratitud hacia la oveja que produjo la lana y el trabajador que accionó la máquina de tejer, pero no siento hacia los calcetines una obligación inherente en cuanto mercancía, en cuanto propiedad privada. El único vínculo que establezco son las «gracias» corteses que le di al vendedor. He realizado un desembolso por ellos y la reciprocidad terminó en el momento en que le entregué el dinero. El equilibrio queda restablecido, se alcanza la igualdad de la ecuación y el intercambio termina. Los calcetines son ya de mi propiedad. JCPenney nunca recibirá una nota de agradecimiento de mi parte.
Ahora bien, ¿qué ocurre si esos mismos calcetines, a rayas rojas y grises, los hubiera tejido mi abuela y me los hubiera regalado?
Eso lo cambiaría todo. El regalo establece una relación mucho más duradera. Le escribiría una nota de agradecimiento. Me ocuparía de cuidarlos y, si soy un nieto atento, me los pondría cuando viniera de visita, aunque no me gustaran. Por su cumpleaños, me aseguraría de regalarle algo para corresponderla. Según el escritor y académico Lewis Hyde, «la diferencia esencial entre un intercambio de regalos y otro de mercancías es que el regalo establece un vínculo emocional entre dos personas».”
Una Trenza de Hierba Sagrada
Robin Wall Kimmerer
Hay algo mágico en el acto de experimentar la cotidianeidad. Lejos de ser algo rutinario, lo cotidiano no hace referencia a una cuestión que genera aburrimiento por ser repetida continuadamente. Lo cotidiano, atañe a lo común, a lo conocido de una manera compartida en el acto de vivir día tras día en comunión con los otros. El desarrollo de la vida social de los individuos se desenvuelve en la participación permanente en la cotidianidad, que se dispone como una atmósfera de continua interacción entre humanos y no humanos través de las emociones y los objetos.
Aunque absortos en los continuos flujos de novedad que nos invaden, la cotidianidad representa la realidad que conciben los individuos, por ende, está dispuesta a las transformaciones y modificaciones sociales, lo que admite imaginarla como un espacio en continua construcción en el que el ser humano desarrolla sus subjetividades mediante su identificación social y cultural, para la continua satisfacción de sus múltiples necesidades. El escenario de lo cotidiano, potencia la actuación entre sujetos y objetos siguiendo un determinado marco contextual que se desarrolla entre ellos, potenciando diferentes interacciones en busca de significación tanto individual como colectiva. En este espacio que es la cotidianeidad, los objetos se presentan como contenedores de signos y significados a través de la materialidad vivida por el sujeto que experimenta la relación con ellos. Entender la importancia que tiene la continua interacción que experimentamos con los objetos es clave en el contexto en el que buscamos generar un desarrollo sostenible, coherente, lógico y equilibrado. Una estabilidad buscada en ámbitos como son el plano cultural, económico, social y medioambiental, entendidos de manera sinérgica y conectada.

La cultura tiene un rol determinante en la construcción de sentido social de un territorio. Los seres humanos que conforman las distintas sociedades, se desplazan por esferas cotidianas donde se articulan sus costumbres, hábitos y modos de vida a través de la relación con los objetos que son manifestaciones materiales de cultura, es decir, de valores heredados, procesos técnicos, hábitos e ideas (Cancino Salas, 2004). Las revelaciones de la cultura se manifiestan en las acciones, usos y transformaciones de la materia en un contexto determinado. Por tanto, entender la cultura nos permite entender cómo nos relacionamos con la materialidad que nos rodea y cómo podríamos articular cambios conductuales que fomentaran una relación más coherente con la materia que nos conforma diariamente, para vincularnos de una manera más profunda con nuestro contexto, los otros y nosotros mismos.
Cuando estudiamos las vías que proporcionan sostenibilidad en el campo textil, y en general, en cualquier otra industria que esté fundamentada en su carácter material a través de los productos que genera, normalmente no atendemos a que, realmente, el papel primordial de los objetos es resolver o transformar situaciones mediante los actos en los que se los utiliza, siendo este el primer sentido de su existencia: una existencia caracterizada por la mediación entre el ser humano y el mundo. Si enfocaremos de esta manera la situación actual, y las estrategias que nos permitan generar una industria más coherente y positiva, determinaríamos el alto poder que tiene comprender, con toda magnitud la materialidad que nos rodea, porque lejos de ser el problema, bien canalizada, su utilización y vinculación con la cotidianeidad, podría ser la solución.
Cuando analizamos el impacto que tiene cualquier objeto artesanal, debemos atender a su campo relacional. Dicho campo, está caracterizado por diferentes aspectos que lo definen y le hacen ser lo que es en el plano cotidiano: es un reflejo de pertenencia a un grupo, a un territorio, a una cultura y en tanto que da muestras de pertenencia, promueve a través de su simbología una identidad cultural fuertemente marcada; el material que lo compone habla del origen, del área geográfica, de la vinculación de los individuos de la región con la materia, ya que, la manera en la que nos relacionamos con ella a través de los procesos de transformación que dan lugar a los objetos cotidianos, expone directamente los valores que posee una determinada sociedad. El campo relacional de los objetos, también da muestras del uso que pueden experimentar dichos artefactos, y este uso, no es sino la muestra de la creatividad, el compromiso y el respeto que los individuos tienen por los recursos que les rodean en su ecosistema. A través del uso, puede observarse si las personas comprenden las altas dosis de energía, recursos y conocimiento que se necesitan para transformar la materia en objeto utilizable. En definitiva, los objetos no dejan de ser elementos que muestran diferentes tipos y niveles de conocimiento, siendo capaces además, de lanzar mensajes de posición política o personal. Los objetos tienen cualidades intrínsecas y cualidades proyectadas por el usuario. Los objetos dan sentido a quiénes somos y cómo queremos ser a través de su campo relacional.

Desde Wool4life queremos poner en valor ese campo de relaciones invisibles que se establece en todo nuestro proceso de producción pero que sigue después, en la vida de aquellas personas que deciden apostar por nuestros pequeños tesoros. La vida de nuestros productos, continúa activa en el día a día de nuestros clientes, por ello, queremos dar visibilidad a la invisibilidad post- compra de nuestros productos que determina su uso y por tanto, su vida útil. Por ello, también podemos determinar en esta reflexión sobre la objetualidad, que los vínculos con los objetos son siempre contextuales. Es preciso entender al objeto como una entidad que está cargada de significados, esto implica analizar aspectos técnicos, económicos, sociales. Todo esto partiendo de la idea de que la biografía de los objetos siempre va a estar ligada a la historia de vida de los sujetos a través de metáforas y arquetipos culturales. Además, los vínculos con los objetos se establece a través del valor y la significación que se les proporciona en diferentes campos como: el plano emocional, el material, el contextual y el valor de uso como comentábamos con anterioridad. Es indispensable entender un triángulo de relaciones entre el sujeto, el objeto y el contexto, para poder entender la interacción que se establece entre los imaginarios que posee el objeto en cuestión, con las posibles relaciones que puede llegar a producir con otros artefactos en su proceso de transformación y uso: sentido, significado y funcionalidad serán continuas relaciones que se estarcen de forma bidireccional entre sujeto y objeto dentro del engranaje contextual que los sostiene.
Si queremos establecer un nuevo imaginario en el que seamos capaces de relacionarnos con los objetos desde otras perspectivas, es necesario deconstruir el contexto cotidiano en situaciones y acciones. La deconstrucción cuestiona el sentido y el significado de los objetos para que emerjan nuevas sensibilidades. Esta mirada en la familia Wool4life tiene un claro objetivo: crear productos y relaciones con éstos que den significado y valor a las personas. Aquellas que son productoras y las que son beneficiarias del producto final. Dado que, la materialidad puede llegar a crear cultura, de la misma manera que la cultura, a través de sus conocimiento heredados, da forma a la materia, es necesario que el diseño no sea un mero ejercicio de resolución de problemas, sino una práctica comprometida con los valores que potencien la construcción de un entramado de relaciones culturales más plenas. Y sin duda, esta cuestión está en nuestro ADN.
En el plano concreto del textil y la artesanía del tejido, establecer un nuevo imaginario relacional con el objeto del vestir, pasa, sin lugar a dudas, por reflexionar sobre la durabilidad, la vinculación y el uso, creando nuevas narrativas que permitan la deconstrucción de modelos y patrones de consumo habituales. Reflexionar sobre la materialidad y cómo establecer un contacto más próximo y duradero con las prendas para alargar su ciclo de vida y por tanto, su impacto, pasa por cuestionarnos tanto la durabilidad emocional como la durabilidad material. En el primer caso, es determinante entender que, si la prenda posee significado emocional, tiene la potencialidad de permanecer más en la vida del usuario. En segundo lugar, es importante fomentar la durabilidad material, que en nuestro caso, se lleva a cabo gracias a la utilización de excelentes hilados de las diferentes lanas con las que trabajamos que son posteriormente transformadas en tejidos resistentes ya temporales. Minimizamos al máximo la incorporación de otros elementos, no solo por principio de monomaterialidad si no también porque dentro del campo de los objetos textiles, la durabilidad matérica no viene dada por el conjunto, si no por el elemento (dentro del producto) que posee una resistencia menor, lo que hace que el conjunto pierda su usabilidad una vez se deteriora, aun cuando en este caso la prenda todavía tenga vida útil.

Nuestro texto hoy, es un llamamiento a reforzar a través de la durabilidad emocional y la durabilidad material la conexión entre persona y objeto, con el objetivo de romper la dependencia del consumo de significantes para dar sentido a nuestro “yo” a través del acto de consumir más prendas, en lugar de relacionarnos de una manera más profunda y experiencial con las que ya poseemos.
En el campo de estudio textil, hay diferentes teorías que delimitan ese marco experimental por el que iniciar el compromiso con la durabilidad emocional y el diseño de prendas y accesorios. Siguiendo a Chapman, sería indispensable tener en cuenta la potencialidad de la narrativa; la capacidad de generar apego y desapego; la superficie de la pieza textil; la conciencia que generamos de ésta y los procesos que experimenta, sin olvidar, la capacidad que tenga de “enamorarnos”. Alistair Fuad-Luke por su parte, establece otras estructuras clave a examinar con el objetivo de potenciar la durabilidad que vendría claramente definida en primer lugar por los productos de buena calidad, el buen diseño, la confianza y el mantenimiento; también sería clave la posibilidad de uso compartido, o el propio proceso de diseño cooperativo, lo que hace que el destinatario final sienta ya una conexión emocional incluso antes de que la prenda exista. Crear narrativas es un eje clave en toda esta discusión y para Alistair Fuad-Luke, también es así, añadiendo el matiz de que estás narrativas deban provenir de la posibilidad de personalización de las piezas textiles.
“Los dones de la tierra y los regalos que nos hacen los demás, crean relaciones particulares, una suerte de dar, recibir y corresponder. El campo nos entregó sus frutos. Nosotros le hacíamos un obsequio a mi padre y tratábamos de devolverles algo”
(Una Trenza de Hierba Sagrada)

Día a día esa es la relación que establecemos con la materialidad que nos rodea aquí, en Wool4life. Un círculo de agradecimiento ante el regalo de nuestros ancestros, que en forma de conocimiento heredado, nos permiten crear los productos textiles que te acompañan en aquellos momentos cotidianos que marcan el rumbo de tu existencia. Nosotros no dejamos de reflexionar en el campo de relaciones que trabajan para que este proyecto exista; en cómo mejorarlas, cómo hacerlas más significativas. Esperamos que después de esta lectura, tú también tengas la mirada puesta en los vínculos que te dan sentido.
La familia Wool4life