Con tacto

Con tacto

En la actualidad, los elementos intangibles que conforman cualquier práctica productiva  en el ámbito de la artesanía, se pierden. No hay relevo que quiera ser participe del aprendizaje y transmisión de todos aquellos símbolos y códigos que han hecho posible el desarrollo de técnicas, ornamentos y piezas útiles que han sido, la base de desarrollo del habitar diario de nuestros ancestros. Hoy, que vivimos en un tren de alta velocidad, desconocemos nuestro verdadero arraigo, nuestras raíces: ¿somos de la estación de la que partimos? o por el contrario, ¿pertenecemos a ese destino al que llegaremos? 

Nuestra tesis en Wool4life trabaja por demostrar que pertenecemos al camino, y para no perdernos en el periplo, es importante mirar atrás y saber cómo volver a la casa de la que salimos, pero siempre, mirando al hogar futuro que construiremos; o más bien, que estamos construyendo en el acto de caminar. 

Los tejidos, han acompañado el desarrollo humano desde el principio de los tiempos. En tanto que objeto material, se deterioran, se desgastan y en ocasiones, se pierde el sentido y la coherencia de su utilidad. Sin embargo, en la estrecha y longeva relación que tienen el hilo y la mano, somos capaces de utilizar aquellas técnicas de remiendo que, de manera cotidiana las mujeres del hogar han aplicado a todas las piezas textiles que les cobijaban.  Nuestro trabajo está siendo estudiar, repasar todos aquellos puntos, técnicas, patrones, encuentros, saberes, modos de hacer y en definitiva, todos aquellos rituales asentados en los diferentes territorios, que siendo comunes, realmente muestran la diversidad tan nutritiva de la que goza nuestro país en términos de artesanía textil. 

Somos trama y urdimbre. 

Nuestra vida se construye a través de un continuo urdir de materias primas que nos protegen durante nuestro desarrollo como individuos. Somos el paño de lana sobre el que se incorporan nuevos saberes, nuevos códigos en el acto de aprender a tejer experiencias; embellecemos nuestras inocentes vidas a través de conocimientos que hilamos en el avance del paso del tiempo en pos de la construcción de sociedades más complejas; complicadas en cuanto a sistemas organizacionales, pero cada vez más simples e insensatas en lo que a saberes y conocimientos ancestrales se refiere. 

 

Es por eso, que nuestro deseo con la investigación que realizamos en nuestro estudio  reside en difundir y hacer accesible el poder del ritual artesanal textil como fuente y generación, no solo de espacios que facilitan el aprendizaje colectivo, si no también, por ser emblema de la salvaguarda del saber popular que se encierra en la inmaterialidad que constituye el mito, el símbolo y la oralidad. Estamos comprometidos con la transmisión del oficio, del saber popular. En primer lugar, porque nos pertenece pero también, porque admiramos profundamente lo que otros hicieron antes que nosotros en el plano textil. Su destreza en el gesto de la mano, ha transformado materias primas en objetos de belleza incalculable, además de utilidad singular. Necesitamos seguir generando espacios colectivos  de estudio y aprendizaje en los que, a través del gesto tácito de las manos, la oralidad hecha mitos, la lectura de los símbolos y la vinculación armónica con el territorio y el paisaje, se promueva la preservación y generación de la identidad cultural que nos define; que nos forma y conforma de manera continuada.

Entramos en una etapa en la que queremos reflexionar sobre el concepto de artesanía; su profundidad histórica, su singularidad técnica, su poder definitorio de identidad, su impacto y su necesidad. En los próximos meses, nos volveremos un laboratorio que disecciona el verdadero significado de ser artesano, así como, la propia acción artesanal. 

De la misma manera que el tejido es uno de los lenguajes más antiguos del mundo, comunicando la pertenencia, el estatus o las creencias de un determinado grupo; la mano se expresa eficientemente desde el silencio, a través de un sin fin de gestos producidos: gestos repetidos, gestos adquiridos, aprendidos y trasmitidos de manera continuada, envolvente, circular. Las manos son historia común que determina la identidad de una grupo y que no está escrita en libros de papel,  si no en la memoria del alma de aquellos que a través del compromiso y la intención artesanal han trasmitido desde sus  voces pausadas, el patrimonio inmaterial a los que les sucedieron.

La mano, símbolo de la artesanía; esa fascinante parte del cuerpo humano que tiene el poder de transformar el pensamiento en objeto; lo intangible en tangible; la abstracción en concreción. Todo ello por medio del hábito, de la práctica, del conocimiento tácito aprendido a través del esfuerzo continuado; la determinación de hacer las cosas bien por el mero hecho de hacerlas de un modo correcto. Ellas son la más pura representación de la poiesis Platónica: el arte de crear (hablando en sentido amplio), creando desde el buen hacer; el hacer de verdad que es la suma del buen obrar y del obrar bien. 


“Enseña con las manos, con tacto…

Enseña lo visible, enseña lo invisible…

Y di las palabras que enseñan la puerta de la vida. 

Con las manos, con tacto.”


Enseñar. 

In signare.

Señalar hacia. 

Mostrar orientación hacia qué camino seguir. 

 

En Wool4life mostramos orientación con nuestras manos, principalmente, por su cualidad intrínseca de estar compuestas de memoria; por estar curtidas en las diferentes temperaturas del recuerdo que nos permite comprender la corporeidad que nos define; recuerdo táctil que nos posiciona en un lugar en el mundo, delimitado por fronteras invisibles que nos determinan gracias al contacto con los otros.  Durante nuestro recorrido, las manos han sido un ejemplo de unión de pieles que co-crean y re-crean memoria colectiva. Manos de pastores, de clasificadores, tintoreros o tejedores. Memoria común transmitida, contagiada por esa acción tan primigenia como la que se orquesta en el acto que es extenderlas y ver, con las puntas de los dedos, aquello que hemos tocado. Aquello que nos toca, e inmediatamente nos conmueve; aquello que nos invita a generar una reacción, un paso gracias a la energía transmitida a través de los miles de receptores sensoriales que componen nuestro órgano más antiguo: la piel. 

Actualmente, hablamos de desconexión en un mundo hiperconectado y quizás, desatender una de las experiencias más básicas que nos definen en tanto que animales, sea la causa del vacío que siente aquel que habita una soledad indeseada, carente de propósito. Sentir, ser tocado, ser conmovido…son experiencias que vivimos a través de la piel con y por un otro. Comprendemos nuestra identidad, nuestro contexto, el mundo… a través de aquello que nos encuentra. No hay lugar sin encuentro y no hay mayor encuentro que dos personas se encuentren (Josep María Esquirol 2023). Que dos personas se encuentren, que un alma toque a otra alma es la mejor manera de comprender el acto de vivir. Estos años de investigación nos han llevado a vivir los espacios, vivir los tiempos, vivir las conversaciones compartidas, vivir la cotidianeidad material elegida, encontrada y en ocasiones impuesta. Este viaje nos ha conducido al encuentro con el acto de tocar; percibir desde múltiples sentidos la globalidad de los momentos, la totalidad de los objetos, el sonido del silencio. 

 

 

Nuestros cuerpos, hogares de nuestros pensamientos, sueños y quehaceres diarios, habitan un domicilio temporal edificado por la capacidad inherente de la mano humana de construir un refugio edificado por la unión de diferentes hilos: la vestimenta. 

Ese domicilio es un desván atestado de recuerdos propios, cuando la vivienda es de nueva construcción, o heredados, cuando esa casa tejida se recibe de una abuela, un padre o una madre, que también generaron la belleza del hogar en el constante diálogo entre su cuerpo, la prenda que los cubría y sus encuentros pasados con otros en el contexto de su cotidianeidad. Aunque no nos demos cuenta, estamos siendo huéspedes temporales de las prendas y los textiles que moldean nuestra rutina diaria. Y son muchos; estamos rodeados de ellos.  Por eso, en Wool4life, cada día que preparamos el urdidor para comenzar un nuevo tejido nos preguntamos: 


¿Cuántas manos han escuchado la suavidad de los tejidos que tocan?

¿Cuántas manos vieron el sonido del telar en cada pasada de la lanzadera?

¿Cuántas manos olieron el color de la última prenda que adquirieron?

¿Cuántas manos saborearon la plenitud del trabajo artesano bien hecho?

¿Cuántas manos tocaron el silencio inexplicable que se produce cuando vestimos recuerdos de un otro que genera sentido al yo que somos?


No sabemos cuantas manos componen todo lo que tocamos en nuestro día a día. Estamos alejados y eso nos desconecta. Por eso, aquí, en Wool4life, trabajamos por que todas y cada una de las manos que hicieron tus piezas textiles, sean escuchadas, vistas y sentidas. 

Cada vez que acariciamos por última vez nuestro tejido antes de que deje nuestro taller lo observamos, y de nuevo, en palabras de Esquirol, 

lo vemos: 

“Mirar cuesta poco. Pero mirar mirar bien cuesta mucho. Y, en realidad, solo ve el que mira bien. La madurez de la vida es, en parte, un progresivo cambio en la mirada que te deja ver mejor, con mayor amplitud y hondura. 

Mirar no solo lo hacen los ojos. La mirada y la atención son maneras de aproximarse a lo que ya nos viene. Maneras de aproximarse a las cosas que ya nos vienen y a los otros que también nos vienen. 

La atención es como la ventana del alma. El mundo está ya abierto. Pero es necesario mirar bien por la ventana. Hay que acercarse a las cosas. Hay que asomarse y extender la mano. Y tocar el aire y respirar el cielo.”

Extender la mano y…

 

“Enseñar lo visible, enseñar lo invisible…

Y di las palabras que enseñan la puerta de la vida. 

Con las manos, con tacto.”

 


La familia Wool4life